intersecciones y sustituciones

La memoria gravitatoria del espanto

#gravedad | surrealismos | Carlos Piegari

Nadie necesita que le expliquen 
qué es lo extraño. 
Thomas Ligotti

El objetivo de este artículo tiene como eje transversal las investigaciones gnoseológicas realizdas por Ubaldo Grassi-Shouters (Apl. Professor für Philosophie. Rurhr Universität), inspiradas en el fenómeno natural por el cual los objetos con masa son atraídos entre sí, evento que la poetisa María Elena Walsh presintió cuando postuló: No es lo mismo ser profundo que haberse venido abajo. 

Las traslaciones vectoriales de los seres y las cosas tienen un punto de origen y otro de llegada. Durante este itinerario las entidades generan relaciones fluctuantes entre sí, según unas determinadas coordenadas de extensión. Dos situaciones destacan: De intersección: cruces, encuentros, roces espectrales, y de sustitución: transformaciones, devenires, individuación y diferenciación. Eventos inquietantes que se cruzan sin previo aviso en la vida y el destino de los seres y las cosas, causando transformaciones inapelables.   

Estas dos variables de la eventualidad generan movilidad y sonido. Del trepidar de los cascos de los caballos de tiro evolucionamos hasta las detonaciones de los caños de escape y luego al rugido ensordecedor  de las turbinas. Hoy estamos captando el sonido de las ondas gravitacionales cósmicas. 

Una mujer alza su bebé hacia los brazos de un socorrista antes de hundirse en el mar. La fuerza de gravedad de la indiferencia planetaria la arrastra hacia el centro de la Tierra. Flujos masivos de personas que atraviesan desiertos y mares. Ondas de propagación humana recorren el planeta. Masas que se mueven hacia un núcleo, itinerarios dentro de un campo gravitatorio espacial y social, rugosidades que crujen y gruñen sobre el tejido de la curvatura espacio-tiempo. Movimiento, sonido y atracción interactiva desde el principio de los días hasta hoy, hacia un mañana que ya llegó. Intersecciones y sustituciones de futuros y pretéritos en el presente.1

Los sujetos y objetos en tránsito perpetuo emulan ser señales electromagnéticas con dos ejes, uno horizontal: tiempo y otro vertical reconocido como frecuencia. La confluencia de ambos podríamos considerarla una onda. El eje horizontal avanza en el espacio creando Historia y el vertical oscila y tiembla generando, con una misma periodicidad, vibraciones graves y agudas, paisajes acústicos, Espacio. 

Pitágoras disparó una señal, quinientos años antes de Cristo, que onduló durante veinticinco siglos hasta llegar al compositor Mike Oldfield. El filósofo griego intuyó que el movimiento de los cuerpos celestes respondía a un patrón rítmico cósmico determinado. El movimiento y equilibrio de los planetas, la gravitación universal, estaría regida por cierta música o armonía celestial. Un metrónomo sideral que marca un compás y cuida que el sistema solar no sea una mesa de billar con carambolas infinitas de planetas, lunas y asteroides. Oldfield en 2008 editó Music of the Spheres basándose en aquella teoría de la musica universalis que le fue enviada desde tan lejos en el tiempo. 

Desde esta perspectiva también podríamos suponer que el escudo magnético que fusiona y “envuelve” el ecosistema de la Tierra evitando su desintegración, es un sonido elástico. Gluten proteico que recorre toda la masa terrestre, un infrasonido. Mega onda bioacústica cuya frecuencia está por debajo del espectro audible del oído humano. Como especula Timothy Morton, un “rugido suave” o “murmullo” penetrante que repta  globalmente creando las sinapsis necesarias entre todos los sujetos y objetos. Ya que lo humano y lo no-humano está fundido a través de un campo energético de conectividad. Una triada simbiótica, lo que llamamos “la naturaleza”, donde conviven un yo autoconsciente, un ellos colectivo y un eso objetivo (las cosas). Ese infrasonido fluye también en la profundidad del útero materno y en la cúpula celeste que cubre el planeta. En esa geoesfera, el terrado del mundo, el aire pesa y crea una presión atmosférica preventiva hasta donde llega la reverberación del estallido de los volcanes, los vientos huracanados y los bramidos marinos y quizás, muy tenuemente, la voz de los seres y las cosas. Emisiones que se propagan desde la estación radiofónica de la biosfera. Más allá, el espacio exterior con su freak show musical de las esferas. 

El sonido del silencio

Este sonido gravitacional (infrasonido portador de memorias y olvidos) que estamos considerando, sería una forma de lenguaje universal que se transmite a través de una propagación espacial de ondas electromagnéticas que genera un campo sonoro. ¿Podría darse también en una dimensión temporal? Tal vez, los ejes horizontales de estas ondas electromagnéticas que recorren la Tierra, en tanto avanzan en el espacio, son asimismo meridianos que trazan las líneas de cambio de fechas (paso del tiempo) y ubican lugares (los “donde” que equivalen a “cuando”). Una vez más, Historia: adiciones sucesivas de intersecciones y sustituciones. 

La intersección de una crin de caballo con el sistema linfático de un hombre causó la muerte de 4.600 personas en 1942. Reinhard Heydrich terminó sus días en Praga ese mismo año cuando viajaba en su automóvil sentado sobre un asiento que estaba relleno con cerdas de caballo. Durante el atentado (Operación Antropoide) cometido para acabar con él, algún pelo se coló dentro de su bazo y le provocó una septicemia terminal. La misma crin de caballo generó entonces muchas sustituciones. En el eje espacial de esta onda gravitacional histórica, dos puntos vectoriales fueron los pueblos de Lídice y Ležáky. El ápice del centro de gravedad de aquel matadero óntico por el asesinato de Heydrich tuvo lugar en estas aldeas, elegidas porque los nazis sospechaban que eran activas en la resistencia y semillero de partisanos checos. El protocolo de la venganza incluyó la selección de los niños con mayores rasgos arios. No fueron sacrificados ni deportados como el resto de personas, sino entregados a familias alemanas para que los reeducaran. Sustitución de identidad que se multiplicó sobre la curvatura espacio-tiempo en otras sucesivas traslaciones vectoriales. Después de la Guerra Civil Española con la política eugenésica aplicada a los hijos de los vencidos, separados de las “hordas marxistas” y reeducados por otros padres e instituciones, según los preceptos psiquiátricos del Mengele ibérico, el Dr. Vallejo Nágera. Y a partir de 1976 en Argentina con los hijos de los “desaparecidos” dados en adopción, por la dictadura militar, a hogares bienpensantes. 

En todos los casos de intersecciones y sustituciones un infrasonido reverbera en el vórtice del campo gravitatorio. Ondas que transmiten un sonido que recorre el tiempo y el espacio histórico y social: el contexto de la tragedia, el ecosistema de la desesperación. ¿Cómo suenan esas ondas? 

En el año 2015 fue lanzado un video juego que fusionaba ceguera y ruidos, Dark Echo. Algo o alguien siempre persigue al jugador, es una presencia ominosa que se manifiesta espectralmente, no llegamos a ver nada sólo intuimos y escuchamos nuestros propios pasos, mientras tanto en la pantalla del ordenador se proyectan las ondas de audio como diseños de cristales de nieve dentro de un caleidoscopio. Como siempre, juegos de espejos que multiplican infinitas formas simétricas. ¿Qué produce más terror? ¿Ver al monstruo o escuchar el retumbo de sus garras tras nosotros? Existe un sufrimiento sonoro. 

El sonido se propaga a través de un medio material (aire, agua o madera, por ejemplo), como un caleidoscopio de frecuencias. La energía psíquica también  puede ser un portador propicio y generar las misteriosas psicofonías. ¿Misteriosas? Luego del descubrimiento (1938) de la resonancia magnética molecular, que permitió conocer como los núcleos atómicos dentro de una molécula resuenan a diferentes frecuencias de radio dentro de un campo magnético, no existiría más arcano. 

Microtonalismo del recuerdo

Desde el punto de vista neurológico el miedo sería una intensa transmisión de señales entre dos o más neuronas dentro del depósito emocional de la amígdala situada en el lóbulo temporal del cerebro. Circulación a través de un entorno fisiológico, autopista propicia para el sonido del pánico. ¿Podría existir en alguna dimensión una memoria de los aullidos en las hogueras, cámaras de gas o tortura? Un registro del horror cósmico diferente al de Lovecraft. Ni metafísico o nihilista, sino material, tangible, mensurable, donde los sonidos del dolor forman redes a lo largo del tiempo. Narraciones sonoras en bucle que modulan una tras otra. Dodecafonismo del espanto donde los sufrimientos de las víctimas se engarzan (religan) a través del tiempo. Secuencias del mal que interaccionan como fotones cuánticos, migrando a través de las genealogías de los seres vivos y los entes. Sujetos y objetos serían vehículos de este tránsito secular del sonido. Los gritos de los hundidos llevaron a Primo Levi al suicidio, el sonido del violín que gemía el “Tango de la muerte” en Majdanek para acompañar a los condenados a excavar sus propias tumbas, también se transformó en un transmisor necrófago. Sonidos, músicas abominables. Para Pascal Quignard, explorador heterodoxo de la música y el audio, el sonido es pánico. Del griego Panikós esta palabra remite a los ruidos terroríficos que el semidiós Pan generaba junto con la música sombría de su flauta. Sátiro productor de estruendos brutales, golpes amenazantes, furia enloquecida: pandemónium ubicuo y difuso. También Panteón orgiástico de los dioses, arritmia de gemidos, estertores y rugidos en el inicio de los tiempos que llega hasta hoy a bordo de las pateras en el Mediterráneo, en los campos de refugiados de Grecia o en las cárceles de Sudamérica.

Existe ya un método desarrollado en la Universidad de Berkeley, California, a través de los llamados programas SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence) para detectar señales electromagnéticas, puntos de ruido, que circulen por el espacio interestelar. Se fundamentan en el uso del concepto de escala, un recurso científico que sirve para cuantificar y comparar eventos: temperaturas, velocidades y potencias de fenómenos meteorológicos. Como este proyecto fue presentado en el 51 Congreso Internacional de Astronáutica en octubre del año 2000 en Río de Janeiro, Brasil, fue denominado como “escala de Río”. Sonificar una señal de radio llegada desde el espacio exterior que ha sido capturada por la gran antena parabólica de un telescopio, es una operación que se realiza diariamente en diferentes zonas del planeta. Análogamente, invirtiendo el “desde afuera” por un “desde adentro”, ¿por qué no podríamos decodificar patrones cerebrales de sonidos almacenados atávicamente en la corteza auditiva de la especie? Registrar los pulsos de audio del pasado que circularían a través del campo gravitatorio de las estructuras neuronales de generación en generación. Ecos más allá del tiempo y el espacio que construyen una memoria fonética de la Historia. Porque el universo acústico precedió a la imagen, primero escuchamos latidos, vibraciones, polifonía uterina en un entorno negro, no vidente. Cuando la mujer nos “dio a luz” llegó la percepción visual, pero el sonido ya estaba dentro de nosotros y nosotros dentro de él. Nacemos bajando a las manos de quien nos saca fuera mientras las contracciones de la parturienta nos empujan hacia el primer llanto. La parte más intensa de un compás musical se llama “tierra”, “caen a tierra” los tiempos fuertes. Parir y nacer, métrica gravitacional del dolor encarnado. Luego sólo sobrevivirán los más fuertes en el mundo de las intersecciones y las sustituciones durante los “tiempos fuertes”. 

Las intersecciones y las sustituciones, en tanto ondas espectrales de hibridación y mutación, también producen audio. Ráfagas, radiaciones, exhalaciones, roces. Vibraciones oscuras, zumbidos que aumentan el volumen hasta dispararse como aullidos despavoridos que quiebran el límite del 0db, y distorsionan la señal hasta llegar a un pico rojo, desde donde caerán por la fuerza de la gravedad emocional hasta la zona abisal de nuestras vidas. Estas ondas de energía infrasónica gravitan a través del espacio y el tiempo conectando a todos los sujetos y objetos. Son la presión sonora del odio que modula una y otra vez hacia un nuevo ámbito de grados e intervalos en la relaciones entre humanos y cosas. No se pueden oír porque son frecuencias que están fuera de nuestro margen perceptivo, circulan en el “rango de la muerte”. Las intersecciones imprevistas y las sustituciones espeluznantes actuarían de manera similar a como lo hacen los corpúsculos de Pacini, receptores sensoriales que captan y distribuyen vibraciones y frecuencias en la piel. Pero provocando un efecto similar en la epidermis de nuestras vidas. Una intersección, como el efecto Jahn-Teller, produciría una distorsión desestabilizadora y una sustitución un cambio de orden donde se reemplaza una variable por otra. Atracciones interactivas, mencionadas anteriormente, entre el yo, los otros y los objetos. Danza macabra que bailan muñecos y marionetas al son de la música maldita del Lager, el Gulag, las cárceles latinoamericanas, los campos de Laogai o los Guantánamo. Fantoches de cera que arden cada vez que suena el tango del progreso, la fe y la revolución, siempre el mismo tango de la muerte. Los desaparecidos no están pero quedan los infrasonidos de sus pasos palpitando graves y pesados. Orquesta de espantajos que camina, tocando una marcha fúnebre, hacia una luz al final del túnel del tiempo.

El geólogo soviético Y. A. Kozlovsky publicó en la revista Scientific American de 1984 el descubrimiento de “El pozo más profundo de la tierra”. Un grupo de investigadores perforaron en Siberia (poco antes de Chernóbil) un agujero de unos catorce kilómetros de profundidad y al aguzar el oído escucharon gritos humanos. ¿Almas condenadas? ¿Afloraría a la superficie el averno de las profundidades? Para mayor sorpresa en la base de esa fosa casi infinita detectaron temperaturas que alcanzaban los mil grados. Bajaron micrófonos ultrasensibles por el agujero y captaron miles de voces humanas aullando de dolor. Los científicos abandonaron la expedición aterrorizados y declararon que “esperaban que lo que estaba allí abajo… siguiera allí abajo”. 

Viaje al centro de la Tierra, aceleración en caída libre hacia un estado de ingravidez. La atracción material es menor cuanto más cerca se está de llegar al fondo del abismo, no habría gravitación sino fuerzas múltiples en tensión a una temperatura de 5.000 ºC. Sonidos apocalípticos, retroalimentación nula, intersección de ondas sísmicas. Quizás el destino final no sea huir hacia arriba hasta encontrar un planeta que nos acoja, sino hundirnos en el corazón de las tinieblas atraídos por el núcleo del Pandemonium que arde a 6.000 km bajo nuestros pies. 

Carlos Piegari (Buenos Aires).
1a temporada: un lóbrego conservatorio musical. Escapa, es recapturado, lo embarcan a Italia. Regresa, uno que otro premio literario, compone canciones. Algo de eso tiene éxito. 
Nueva temporada: los Blue Meanies toman el poder, los esquiva viajando a España. Vuelve a casa para Navidad. Estudia Filosofía y otras cosas más. Varios capítulos de aventuras los graba en el Alto Paraná como burócrata de la cultura y escritor polimórfico. 
Última locación, Barcelona. La productora celestial aún no le canceló el contrato, está negociando. 

http://www.kitschfilm.com 
http://www.aparatobarrio.org 
http://www.suturart.com


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